Hay veces que a uno le suceden cosas sin que se le pasen por la cabeza, como cuando un día sábado por la mañana sentado en una banca frente a unos restaurantes en el barrio Lastarria, observaba como pasaba la gente, hasta que ví a un sujeto particular que me llamó bastante la atención. Se veía con un aspecto algo descuidado y con una mirada obsesiva hacia el interior de un local de comida árabe. ¿Quizás qué esté haciendo? me dije. Pero de un momento a otro da vuelta la mirada y se dirige con cuerpo y alma hacia donde estoy yo. Lo curioso de todo esto fue que me saludo como si me conociera, ¡Hola tanto tiempo que no te veía, que bueno que te vuelvo a ver!, dice el mirándome fijamente a los ojos, (para intentarle seguir la corriente y ver a donde iba a llegar todo esto) le respondí, ¿bien y tú?. Entonces en ese momento se inició nuestra conversación. Comenzamos a hablar en primera instancia de cosas generales de como a qué me dedicaba, pero curiosamente el escuchó otra cosa y ...